Por: Vladimir de la Torre Morin
Cuando la gobernadora Layda Sansores advirtió, “no se confundan, Marcela se queda..”,estaba lejos de imaginar que su improvisado mensaje en defensa de su Secretaria de Seguridad Pública, Marcela Muñoz, convertiría a Campeche en el centro de atención de todo el país.
Layda está acostumbrada a recibir esta atención pública y mediática, es experta en el manejo de los escenarios que la convierten en protagonista, pero su trayectoria histriónica se pone en duda cuando su descuidado criterio la convierte en villana. La gobernadora no lo acepta, pero está descolocada. Lo está desde que la primera vez que pidieron la renuncia de Muñoz la protegió diciendo: “la atacan porque es bonita”; semanas después en otra ocasión, declaró, “no te preocupes, así son los campechanos”.
Cuando se trata de Marcela, Layda pierde la objetividad, la objetividad y la vista. Importada de Morelia, Michoacán, la psicóloga Marcela Muñoz, fue la palomeada por el entonces Secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, para que fuera titular de Layda en la alcaldía Álvaro Obregón (2018-2021). Harfuch habría sido, a solicitud de Claudia Sheinbaum, el encargado de asignar cada titular de seguridad en las alcaldías de la Ciudad de México donde había ganado Morena, según cercanos a Omar García.
Con Layda y Marcela en Obregón, los ciudadanos dijeron sentirse más inseguros que antes, así respondieron el 91% de los encuestados en un estudio sobre percepción de la inseguridad. A pesar de esto Layda nombró a Muñoz como titular de Seguridad en el Estado más seguro de México.
Lo que ha sucedido en las últimas dos semanas es el cúmulo de episodios que se han acumulado en los últimos tres años, desde entonces muchos sectores de Campeche han cuestionado el papel de Marcela Muñoz y sus allegados en las tareas de seguridad de Campeche. Sabe la gobernadora que esta demanda es vieja, incluso es la primera petición que recibió a pocos meses de iniciar su gobierno en 2021.
Layda se resiste, se niega, lo elude, lo evade, lo esquiva: Marcela es intocable.
Sansores decidió poner todo sobre la mesa, desde entradas al cine, pasando por rifa de motos, hasta un plan de viviendas para policías, aludiendo que la queja de los policías por pedir mejores condiciones laborales y prestaciones es una causa justa, legitima y que debe ser escuchada, todo está dispuesto a entregar del pliego petitorio menos la silla de Marcela.
Para desviar la atención, la gobernadora empieza a atacar con distractores cuando el agua llega al “Cuarto Piso” desde donde despacha. Mal asesorada como evidencia, y peor acompañada, por figuras sin trascendencia política alguna, y con peor capacidad de negociación, acusa al PRI y a MC de levantar y orquestar las marchas en su contra. Le da igual nombrar al ex candidato Eliseo Fernández que al Presidente del PRI, Alejandro Moreno. Ella reparte parejo, sin elementos, sin pruebas, sin argumento que la sustente, la idea es sembrar “el mito” de que es víctima de injerencia externa a lo que defienden los policías, sus familiares y los ciudadanos.
“No politicen”, “saquen las manos”, repite una y otra vez porque le han hecho creer que puede desviar la atención. El “no politicen” lo dice la política que envío a diseñar e imprimir en tela bufandas con los rostros de los 43 normalistas.
El dato no es menor, por primera vez en la historia, por tantos, servidores públicos de Campeche, sus familiares y ciudadanos han enfrentado al gobierno.
El movimiento está infiltrado por algunos agentes de la Guardia Nacional, que pasan como civiles. Su tarea es encontrar elementos que vinculen a dirigentes partidistas o líderes empresariales abanicando las marchas. Layda y su equipo están incrédulos, están convencidos de que la manifestación “no puede ser orgánica”. Todos los reportes hasta ahora han negado esa suposición.
El descontento contra Marcela es incuestionable, y Layda ha dejado su astucia política de lado para entonar la defensa de una funcionaria sin legitimidad, y con pocas posibilidades de ganarla.
En términos políticos ya es irrelevante si Muñoz se queda o no, el daño y la paliza que su gestión le ha proporcionado a Layda, a su gobierno y a su partido es monumental.
En términos de seguridad hay un factor adicional, fuentes de las Marina y la Defensa Nacional coinciden en que la gestión de Marcela ha sido insuficiente, y en no pocas ocasiones ha sido motivo de discusión y debate en altos mandos. La narrativa coincide en “es una buena persona, pero que desconoce la labor de seguridad y su implementación”.
El próximo martes habrá una reunión a puerta cerrada para revisar el tema entre altos mandos militares y sugerir una salida al conflicto.
La ecuación pasa por este contexto, la salida de Marcela pasó de ser viable a ser probable, y de ser probable a ser necesaria. Los integrantes de la Mesa de la Paz no comprenden como la gobernadora ha dejado crecer el conflicto, han respetada su envestidura, pero no tardan en hacer la recomendación. Marcela se tiene que ir.
Si ocurriera, ahora sabemos que no fue lo que Sansores deseaba, ni por voluntad de Marcela. A su bunker le quedan pocas paredes en pie.